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El arandino Francisco Callado ha dedicado su vida profesional a las urgencias. Empezó en el hospital de Aranda y en 1988 se incorporó a la plantilla del servicio del General Yagüe, donde ha ejercido como médico de forma ininterrumpida hasta ahora y donde también se ha responsabilizado de la Unidad de Toxicología. Desde el pasado 1 de octubre sucede de manera oficial a Adolfo Simón como coordinador de Urgencias del HUBU. Tiene 56 años, está casado y es padre de dos hijas.

Francisco Callado lleva mes y medio al frente de un servicio en el que en una hora pueden entrar entre 60 y 70 pacientes para quienes su problema es el más importante, un servicio con un ritmo de trabajo y de estrés muy superior al de muchas otras áreas del Hospital Universitario de Burgos. Sin embargo, el nuevo coordinador de Urgencias afirma ser un apasionado del servicio y de la tensión que conlleva. Como objetivos prioritarios se ha marcado conseguir que los 32 médicos de plantilla estén formándose continuamente, garantizar el relevo generacional y mejorar los indicadores de calidad del servicio.

¿Cómo utilizan los burgaleses las Urgencias?

Creo que no demasiado bien. Por una parte, por desconocimiento de las vías alternativas, que son bastantes y deberían ser prioritarias; y, por otro, por comodidad o cercanía al hospital y, también, porque la atención en Urgencias es más rápida. Aquí se atiende las 24 horas del día y sin preguntar, y eso hace que a veces se sature un poco el servicio, sobre todo a determinadas horas. La gente sabe que se va con el problema resuelto o, por lo menos, encarrilado.

¿Qué porcentaje de las consultas atendidas no son urgentes?

Verdaderas urgencias habrá como un 30%, entendiendo que hay situaciones que aunque no comprometen la vida, sí que requieren atención en el hospital. Y luego hay un porcentaje que aún sin ser verdadera urgencia, angustian al paciente tanto como para que acabe viniendo. Nos altera el trabajo, porque muchas veces estamos viendo pacientes que nos retrasan el tiempo de atención. Teóricamente, no se puede tener a un paciente esperando más de cuatro horas e intentamos ver a todos en el menor tiempo y de la mejor forma posible.

¿De qué manera se le puede hacer ver a la gente que las Urgencias son para temas serios?

Es muy complicado porque, aveces, cuando nosotros tratamos de hacerle ver a alguien que debería haber ido a un Punto de Atención Continuada (PAC), acabas discutiendo. Optas por atender y ya está. Es educacional.

¿Cuántos pacientes atienden cada día?

Estamos viendo una media de 319 pacientes al día, pero a veces vienen 400. De hecho, no hay una hora en la que no haya nadie. Pararon un poco cuando se inauguró el HUBU, pero ahora volvemos a los niveles de siempre.

Decía que no se puede tener a alquien esperando más de cuatro horas, pero se han dado casos de esperas de ocho y nueve horas porque no se podía derivar al paciente. ¿Cómo está esa cuestión ahora?

En este momento tenemos poca demora, porque hemos aumentado los boxes de exploración. El problema surge cuando hay que hacer un ingreso. ¿Por qué? Porque se dan tarde las altas y los pacientes se van por la tarde cuando, a lo mejor, podían haber dejado libre la cama a mediodía. Es un problema de gestión y sé que la dirección está haciendo un protocolo con los servicios para intentar que ese flujo de pacientes vaya más rápido.

¿Cuánto tiempo espera de media alguien que necesita un ingreso?

Ahora no es mucho, aunque sí que es verdad que hay días puntuales en los que se ha esperado cinco o seis horas por una cama. Pero también es verdad que aquí hay que hacer unas pruebas complementarias (un escáner, una radiografía… ), que conllevan un tiempo de espera y la gente se angustia. Pero es que no hay otra forma de hacerlo.

Ha pasado un año y medio desde el traslado del Yagüe, ¿en qué ha ganado el servicio?

En espacio, comodidad para trabajar y, sobre todo, confortabilidad para el paciente. Las salas son grandes, tienen luz y no hace falta sacar al paciente cuando le has explorado. Y también hemos mejorado en tecnología: tenemos aparatos de ventilación mecánica, un ecógrafo, centrales de motorización, más acceso a pruebas complementarias… Yespacio para la Unidad de Corta Estancia, que antes no teníamos. En el HUBUhay 36 boxes, más toda Pediatría (que ya no lo llevamos nosotros), frente a los 18 que había en el Yagüe, y dos eran pediátricos y tres para politraumatismos.

¿Qué es mejorable?

Las salas de espera son pequeñas y no tienen baños. Y en la Unidad de Corta Estancia, las habitaciones tampoco tienen baño, aunque está el proyecto para hacerlo. Y luego tenemos el pasillo central, que se ha convertido en el Espolón:el que baja de planta y ha dejado el coche en el G-3 sale por aquí, el que trabaja en planta se cuela por aquí, quienes han dado a luz bajan por aquí, se meten dos o tres familiares con cada paciente… Entonces, vamos a cerrar el acceso. De hecho, ya estamos con ello.

¿En qué medida mejora la Unidad de Corta Estancia el trabajo de Urgencias, qué aporta?

Creo que aporta más al hospital que al servicio de Urgencias porque disminuye los ingresos. ¿A nosotros? Nos permite que pacientes con los que tenemos dudas porque no están para ingresar pero tampoco para mandarlos a casa, puedan ir a la UCE y estar con vigilancia estrecha.

Estaba previsto que supusiera un ahorro de tres millones, ¿de cuánto ha sido?

Los datos oficiales de la Junta cifran el coste medio del ingreso por paciente y día en el HUBU en 598 euros. Entonces, teniendo en cuenta que la estancia media en la Unidad de Corta Estancia es de 2,17 días y en el HUBU es de 6,67 días, ahorramos 4,8 días de estancia por cada paciente. Es decir, hemos ahorrado 1.833 estancias y, a 31 de octubre, se cifraba el ahorro en dos millones.

En ocasiones, se escucha en la calle que el personal de Urgencias no está tan preparado como médicos en otros servicios de planta . ¿A qué se debe?

Aunque nuestra especialidad no esté reconocida, nuestra preparación es la misma. El problema es que la gente se cree que sabe mucho de Urgencias cuando no es así. De hecho, los especialistas de planta no saben de Urgencias porque ven a los pacientes cuando ya están estables y nosotros nos encargamos del paciente inestable. Sí que es cierto que hay veces en las que el cardiólogo, por ejemplo, pretende que nosotros sepamos el seguimiento que hay que hacer de un paciente cuando ha estado ingresado y no es así. Nosotros no nos dedicamos a hacer seguimientos, nos dedicamos a detectar la patología aguda, a estabilizar a los pacientes y a intentar hacer un diagnóstico de aproximación aunque no sea definitivo.

¿Por qué hay tanto problema para reconocer la especialidad de Urgencias?

La especialidad ahora mismo está en el Consejo de Estado, pendiente de aprobación como área de capacitación, algo con lo que no estamos en absoluto de acuerdo. Primero habría que formar especialistas y luego crear un área de capacitación, con lo cual habría que esperar más y en lugar de cinco años o seis, se tardaría ocho o diez en terminar y se encarece la formación. Es un problema laboral porque si acabas Medicina de Familia o Medicina Interna, puedes trabajar en tu servicio o en Urgencias. Entonces, si se crea la especialidad, Urgencias quedaría vetado y habría un problema laboral. Pero nosotros queremos una especialidad propia con residentes a los que formemos nosotros.

Tras la marcha de Adolfo Simón hubo cierta polémica por la persona que se responsabilizaría de Urgencias. ¿Desde cuándo ocupa la plaza?

Oficialmente, desde el 1 de octubre. Este es un puesto de libre designación, porque la denominación no es jefe de servicio, sino coordinador. Está adscrito a la dirección y ni siquiera hace falta que se convoque la plaza. No obstante, se convocó y yo presenté una memoria y un proyecto para acceder a la plaza y mi nombramiento se aprobó por unanimidad.

¿Cómo le gustaría dejar el servicio de Urgencias?

Me gustaría dejar un servicio con una alta calidad científica, con un proyecto de futuro, con relevo generacional y con gente que continuamente esté formándose. Quiero mejorar los indicadores de calidad y que este sea un servicio modelo en la región. Somos punteros y me gustaría que fuésemos los mejores.