Insultos y amenazas son las principales, seguidas de zarandeos y bofetones o puñetazos; y en casos muy excepcionales se han llegado a producir navajazos e incluso hachazos

“Las agresiones más comunes a enfermeras son verbales, sobre todo insultos poniendo en duda su profesionalidad, seguidas de amenazas”. Así lo señala a Redacción Médica el secretario general de Acción Sindical de Satse Madrid, Juan Carlos Mejías, quien continúa con las agresiones físicas, que “bajan mucho” y que son “principalmente agarrones del brazo y zarandeos, y de forma secundaria algún bofetón y puñetazo”. Finalmente “casos muy graves, y como tal excepcionales, como navajazos o el que se produjo hace unos años en el Centro de Salud El Naranjo de Fuenlabrada”, donde una persona atacó con un hacha a tres trabajadores, una de ellas enfermera. Para luchar contra ellas, añade, lo primero es notificar que se han producido, cosa que no siempre sucede, y por supuesto denunciar, en su caso.

“La violencia laboral en centros sanitarios ha pasado, en muy pocos años, de ser algo anecdótico a un problema grave y preocupante”. Así lo advierte el Consejo General de Enfermería en un estudio elaborado ya en abril de 2014, que indica además que “los últimos estudios internacionales ponen de manifiesto que la violencia en el sector de la salud constituye la cuarta parte del total de la que tiene lugar en el trabajo. Asimismo, de todo el personal de salud, el de Enfermería es el que más riesgos corre en el lugar de trabajo”.

Coincide con ello Mejías, quien señala que “normalmente el paciente tiene una relación de confianza con su enfermera, pero desde hace unos años para acá esto se ha ido deteriorando”. Asimismo lamenta que “sobre todo se producen agresiones verbales, pero desgraciadamente también las hay físicas”.

En este sentido, el Consejo General de Enfermería señala en el citado informe que un 33 por ciento de los enfermeros españoles ha sufrido una agresión en los últimos doce meses. Del total, un 29,30 por ciento fueron verbales y un 3,7 por ciento físicas, suponiendo este último dato la cifra de 2.928 enfermeros.

En cuanto a los responsables de las agresiones, este mismo informe indica que un 49,8 por ciento proceden de familiares y acompañantes, y un no muy lejano 47,3 por ciento de los propios pacientes, quedando un 2,9 por ciento sin identificar. En cuanto al lugar, sobre todo se producen en las urgencias hospitalarias (51 por ciento) y en los centros de salud de Atención Primaria (33,5 por ciento).

¿Cómo luchar contra las agresiones? Notificándolo

Juan Carlos Mejías incide en que uno de los problemas principales para poder luchar contra las agresiones es que “en muchas ocasiones, a no ser que sean muy graves, no se notifican”. Así, informa que entre 2008 y 2012 se produjeron unas 30.000 agresiones, pero solo se dieron a conocer el once por ciento. Por ello, dice que “el profesional tiene que ser consciente de que tiene que notificar la agresión, pero no solamente la física, que además vas a comisaría y a urgencias, sino también la verbal”.

En este punto, el portavoz de Satse asegura que “tenemos mecanismos para ello”. Como tal, hace referencia a los documentos de notificación de agresiones que se encuentran en la intranet de hospitales y centros de salud, y que “no se están utilizando en todos los casos”. Además, resalta que “la enfermera tiene la garantía de acudir al delegado de Prevención de Riesgos Laborales, que tiene un papel muy importante para garantizar la protección y la seguridad en el trabajo”.

Finalmente, recuerda Mejías que “con el nuevo Código Penal el profesional sanitario tiene unas garantías judiciales que antes no tenía”, por lo que “al igual que se hacen campañas de tráfico para evitar accidentes, con respecto a la Sanidad la administración debería llegar al ciudadano para sensibilizarle sobre que tiene que tener un respeto hacia estos profesionales que trabajan por un bien público”.

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