Tenemos la suerte de compartir un idioma con una gran riqueza, que permite definir con claridad la practica totalidad de las pulsiones y ensoñaciones humanas.

Lo que ha acontecido en los últimos años en el entorno sanitario con la especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias es digno de una novela de suspense teñida del matiz del poco decoro. Algunos dirigentes sanitarios han escrito un gran guion.

Han desoído sistemáticamente los informes técnicos elaborados por el propio ministerio (‘Perfil del Médico de Urgencias 2002’, ‘Informe de la comisión técnica de formación especializada en ciencias de la salud, sobre la posible creación de una especialidad de urgencias y emergencias 2005’, ‘Informe de la Comisión Promotora de la Especialidad de MUyE 2007’).

Han hecho caso omiso del Parlamento tras Proposición No de Ley planteada por todos los partidos políticos instando al gobierno a crear la especialidad troncal en medicina de Urgencias y Emergencias.

Tampoco le ha preocupado las opiniones de los sindicatos mayoritarios del sector (CC.OO., UGT, CESM), ni de las asociaciones de pacientes.

Han menospreciado la opinión de la sociedad científica que representa a esta especialidad, también la opinión de los profesionales que verdaderamente ejercen en estos servicios (firma del 98 por ciento de los responsables a favor de la puesta en marcha de esta especialidad)… Ni siquiera la opinión de la Organización Médica Colegial ha sido valorada (también favorable).

Y para que hablar de Europa, donde la especialidad existe en 18 países y en la Unión Europea de Médicos Especialistas (UEMS) tiene su propia sección como especialidad independiente. Europa es poco importante…

Ni siquiera han revisado la más reciente aportación de los defensores del pueblo en un informe único .”Atendiendo a la importancia de los SUH en la actividad hospitalaria y, por lo tanto, en la atención sanitaria en general, resulta conveniente la definición de una especialidad médica y de enfermería de urgencias y emergencias que forme específicamente a estos profesionales y delimite el alcance de sus competencias clínicas”.

Y en este mismo año el Ministerio de Defensa (con bastante más criterio) crea la especialidad de MUyE en el ejercito. Es decir, en el culmen del esperpento, nuestros futuros médicos (que mayoritariamente han manifestado la necesidad de la existencia de esta especialidad) podrán ser urgenciólogos militares pero no civiles…

Sr. Secretario General de Sanidad, el sustantivo femenino que encabeza este articulo, es sin duda aplicable a su actitud hacia los servicios de urgencias, hacia sus profesionales y hacia el futuro de esta especialidad. Sus acompañantes en este viaje (las directivas de SEMI, Semfyc y algunos más) tienen al menos una razón terrenal (no precisamente la calidad asistencial) llamada poder o dinero que “justifique” su posición.

Sr. Secretario, la inquina requiere una rumoración de largo recorrido, no es un buen aliado de viaje. Una reflexión ponderada sería aconsejable.

Aunque quizás no sea una cuestión de reflexión, sino simplemente de recambio.

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